

El Bosque
Les doy la bienvenida a El Bosque, un espacio sagrado donde las palabras se convierten en senderos y las historias en refugios. Aquí te comparto mis columnas de opinión, crónicas y relatos nacidos de la experiencia viva, la curiosidad y la resiliencia. Este es un rincón diseñado para pausar el vuelo, dejar atrás el ruido del mundo exterior y encender nuestra propia conciencia. Adéntrate en estas líneas a tu propio ritmo; aquí descubriremos que, incluso en la noche más profunda, la luz nunca desaparece.

Imaginen por un instante que cerramos los ojos y, al abrirlos, no nos encontramos en este mundo, sino en otro. Un universo paralelo, tejido con la misma esencia de la vida, pero con una forma distinta. En este lugar, no existen los cuerpos que conocemos; no hay distintas estaturas, colores de piel o rasgos que nos comparen. Aquí, todas somos luciérnagas.

Hay dolores que tienen nombre, el duelo por una pérdida, la angustia de la incertidumbre, el ardor de un fracaso. Pero hay otro dolor, uno más sutil y confuso que nos cuesta nombrar y es, la decepción profunda que nace de una amistad que nunca fue.

En nuestro recorrido como luciérnagas conscientes, hemos hablado de nuestra luz y de cómo protegernos de quienes la drenan. Pero hoy, es necesario mirar hacia un rincón más oscuro del bosque; hablemos de aquellas que intentan volar más alto pisando las alas de las demás.

Mis adoradas luciérnagas, hoy nuestro vuelo se vuelve solemne. Hoy bajamos la intensidad de nuestro brillo colectivo para entrar con respeto sagrado en la zona más oscura del bosque humano. Existen dolores para los que tenemos bálsamos y luego existe esto.

Mis queridas luciérnagas, hemos llegado. Aquí estamos, de pie ante el gran portón invisible que separa lo que fue de lo que será. El aire de diciembre tiene una densidad distinta; está cargado de memorias, de la nostalgia por lo vivido en el 2025, pero también vibra con una electricidad sutil que anuncia un nuevo comienzo.

EL PRIMER VUELO DEL 2026
El bosque huele a tierra mojada y a oportunidad. Hemos cruzado el umbral. El calendario se ha reiniciado y, frente a nosotras, se extiende un cielo inmenso, limpio, esperando a ser trazado por nuestra estela luminosa. Pero este año, les propongo algo diferente: no salgamos disparadas por inercia. Antes de batir las alas con fuerza, respiremos.

EL VUELO FORZADO
Mis queridas luciérnagas, hoy el bosque se siente distinto. Hoy hablaremos de un tipo de vuelo que no nace del simple deseo de aventura, sino de una necesidad imperiosa, casi biológica: el vuelo de la migración forzada por circunstancias equis.

LOS CELOS
Mis queridas luciérnagas, hoy vamos a volar hacia una zona del bosque que a menudo evitamos: una zona húmeda, pegajosa y fría, donde nuestra luz suele parpadear con ansiedad. Vamos a hablar de ese monstruo verde de ojos grandes que nos visita a todas alguna vez: los celos.

ESPEJOS ROTOS
Mis queridas luciérnagas, hoy el viento sopla con fuerza y quizás trae recuerdos que duelen, en esta ocasión, hablaremos de esas piedras que nos han lanzado intentando romper nuestras alas. Vamos a ponerle nombre a una sombra que nos persigue, a veces en la escuela, a veces en la oficina, y lo más doloroso de todo es que a veces en nuestra propia mesa, con nuestra familia.

MADRES LUCIÉRNAGAS
Mis queridas luciérnagas, hoy nuestro bosque se ilumina con una luz protectora. Una luz cálida, de esas que abrigan y dan paz. Hoy quiero hablarles a ustedes: las luciérnagas madres. A ti, que un día decidiste pausar tu vuelo para acunar a unas pequeñas luces que apenas estaban descubriendo el mundo.

Mis queridas luciérnagas, hoy quiero que dejemos de aletear tan deprisa. Hoy vamos a posarnos suavemente en las ramas más antiguas y fuertes de nuestro bosque para hablar de ellas y ellos: las luciérnagas de luz dorada. Nuestros adultos mayores, los abuelos, las abuelas, los sabios de la casa.

Hoy nuestro bosque respira con una fuerza especial. Hoy vamos a volar hacia aquellas ramas donde la luz brilla con una intensidad que casi te quita el aliento. No es una luz que haya nacido fácil; es un brillo que se forjó en la adversidad.

Mis queridas luciérnagas, hoy quiero que hablemos de esos momentos en los que el bosque se cierra sobre nosotras. Esas etapas en las que parece que hemos entrado en un túnel tan largo y oscuro que olvidamos cómo se siente el calor del sol o el reflejo de la luna en nuestras alas.

Mis queridas luciérnagas, hoy quiero que hablemos de un brillo muy especial en nuestro bosque. Un brillo que no es dorado ni blanco, sino de un azul profundo, eléctrico y sereno a la vez. Hoy quiero hablarles del espectro autista, esas "chispitas azules" que llegan a iluminar nuestras vidas de una manera que nunca imaginamos.

El bosque, de noche, no es un templo de silencio absoluto, sino un tapiz sonoro, donde cada criatura tiene voz y vibración propia. Entre el reconfortante susurro de los sauces y el crujir rítmico de la corteza, emerge un sonido constante, monótono y, en ocasiones, ensordecedor: el eterno cri-cri del grillo.

Mis queridas luciérnagas, hoy les escribo con el corazón en calma, pero reconociendo que afuera, en la espesura del bosque, a veces cae una helada inesperada que nos congela el vuelo.

En nuestro vuelo por este bosque compartido, ya hemos aprendido a identificar los pisotones evidentes de la envidia y a protegernos de quienes intentan dañarnos de frente.

En el ir y venir de nuestro vuelo por el bosque, solemos creer que la fortaleza de una luciérnaga radica únicamente en la potencia con la que emite su destello ante la adversidad.

Próximamente mi siguiente columna
En la espesura del silencio, una nueva luz se está gestando en el bosque. ¡Espérala pronto!
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Lleva contigo un destello de este refugio, un recordatorio de tu fuerza y del brillo que habita en ti. Conserva la luz del bosque.


