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Mi Voz en "Todas Somos Luciérnagas"

Hay momentos en la vida en los que el dolor no se puede explicar… solo se puede sentir. Momentos donde el silencio pesa más que cualquier palabra, donde la ausencia se vuelve parte del día a día y donde seguir adelante no es una opción, sino una necesidad.

Durante mucho tiempo, creí que mi historia debía quedarse en silencio. No porque no fuera importante, sino porque dolía demasiado nombrarla. Pero con los años entendí algo: callar también rompe. Rompe por dentro. Rompe la identidad y la posibilidad de sanar. Fue entonces cuando decidí hablar. No desde la perfección ni desde una herida completamente cerrada, sino desde la más pura verdad.

Porque el periodismo, para mí, nunca ha sido solo una profesión; ha sido una forma de resistir, de reconstruirme y de darle sentido a lo que parecía no tenerlo. Cada historia que cuento lleva algo de mí. Cada entrevista, cada texto, cada espacio que creo es también una forma de devolverle la voz a quien la ha perdido; especialmente a las mujeres, a las que han tenido que levantarse solas, a las que han sido silenciadas y a las que siguen buscando su lugar en un mundo que muchas veces les exige de más.

Mi camino no ha sido fácil. Ha estado marcado por pérdidas, separaciones y procesos que aún hoy sigo sanando, pero también ha estado lleno de encuentros que me han sostenido: personas que creyeron en mí, espacios que me abrieron puertas y una comunidad que me ha permitido crecer.

Hoy, mi voz vive en mi columna, en mi podcast, en mi vodcast… y en cada proyecto que construyo. No porque tenga todas las respuestas, sino porque entiendo perfectamente lo que significa no tenerlas. Contar mi historia no busca confrontar al mundo; busca algo mucho más profundo: encender luces en quienes me leen, en quienes me escuchan y en quienes, en algún momento, también sintieron que todo estaba perdido. Porque incluso en la noche más oscura, la luz no desaparece; solo está esperando ser encendida.

Y es precisamente desde todo lo vivido —desde las caídas, las ausencias, los silencios y la reconstrucción— que nace este espacio. 'Todas Somos Luciérnagas' no es solo una columna. Es una forma de resistencia. Es mi manera de hacer activismo. Un activismo distinto: uno que no grita desde la confrontación, sino que ilumina desde la conciencia. Un activismo que nace del dolor transformado en voz, de las historias que necesitan ser contadas y de las mujeres que, aun en la penumbra, siguen brillando.

Entendí que no todas las luchas se libran desde el ruido. Algunas se encienden en silencio y se construyen con palabras, con empatía y con verdad. Hoy escribo para ellas: para las que han sentido que se rompen, para las que se están reconstruyendo y para las que aún no saben que también pueden brillar.

Este espacio es un recordatorio de que, incluso en la noche más profunda, tu luz interior es capaz de iluminarlo todo. Solo tienes que creer en ti.

 

Meliza Sandoval Laureano

Mell SLaure™

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