


Historia, periodismo y propósito.
Mi nombre es Meliza Sandoval Laureano.
Y esta es mi historia.
Una historia que no terminó cuando todo se rompió… sino que inició cuando decidí volver a empezar.
Hoy, firmo cada palabra, cada proyecto y cada historia bajo mi marca profesional: Mell SLaure™
Porque quiero que mi voz sea una guía…
Un puente para iluminar el camino de otras.
“Mi historia no busca confrontar al mundo, busca encender luces en él.”


El Motor de mi Universo: Madre Ante Todo
Soy madre. Y antes que cualquier título universitario, credencial de prensa o reconocimiento en el gremio, ese ha sido el rol que ha esculpido cada rincón de mi alma y ha marcado cada paso de mi vida.
En el corazón de este espacio habita una imagen que lo explica todo: yo en medio de mis tres grandes razones, el amor del universo manifestado en la tierra. Ellos son Tony, Darley y mi pequeño Marko. Mi historia no se puede entender sin sus rostros, porque sus caminos han definido la fuerza inquebrantable de mi propia resistencia.
A lo largo de los años, he tenido que habitar separaciones profundas, silencios impuestos y ausencias que duelen en lo más vivo del pecho. Tony y Darley son mis tesoros; aquellos que, por giros complejos del destino, tuvieron que crecer sin mí físicamente a su lado. La injusticia y la impotencia de no haber podido abrazarlos cuando más lo necesitaban —y cuando yo más los necesité— es una herida que no desaparece, pero que hoy se transforma en un orgullo inmenso al ver los seres humanos en los que se han convertido. El amor, cuando es real, sobrevive a cualquier distancia.
Y junto a ellos está Marko, mi pequeño que transita y experimenta el mundo a través de manera diferente. Marko es mi gran maestro cotidiano; él me enseña todos los días que existen formas de amar y de comunicarse que van mucho más allá de las palabras convencionales. Su mirada me exige una empatía pura, paciencia y una ternura sin filtros. Él es mi cable a tierra y el recordatorio constante de que cada ser humano enciende su luz a un ritmo único.
Estuve en el punto más bajo, en ese silencio oscuro donde no se ve la salida. Viví el duelo por el tiempo que no pude compartir con mis hijos y la dolorosa experiencia de perder mi propia identidad en el intento de sobrevivir. Pero elegí quedarme. Elegí reconstruirme. Ese dolor acumulado no me destruyó; se convirtió en mi motor de arranque.
Hoy, mi voz vive con más fuerza en mi columna, en mi podcast y en todas mis creaciones porque ruge por ellos. Todo lo que construyo nace de lo que hemos superado juntos. Y sigo creando, sigo hablando y sigo encendiendo mi luz interna.
Por ellos. Por mí. Por todas.


El motor de mi vida y el amor del universo manifestado en la tierra: Tony, Darley, Marko y yo.

